martes, 27 de abril de 2010

Verwirrung: la verdad entre sombras

Por A. K. J. T. Edenilson

La verdad entre sombras que asoma su cabeza detrás de la industria de los alimentos recién comienza a ser descubierta. Hombres valientes pueden hablar ahora con propiedad de la amenaza de los transgénicos. Pollos alimentados con hormonas femeninas que hacen que los hombres se vuelvan homosexuales y patatas holandesas que dan calvicie son solo la superficie de este asunto. Para enfrentarnos a este problema es bueno que conozcamos la historia completa, que levantemos esa manta que arroja sombras sobre la verdad y así finalmente comprendamos lo que sucede.

Capítulo 1: Todo es solo un negocio

Comenzó con la más básica de las necesidades de los hombres. Comer.

Un día un mono se dio cuenta que la panza le picaba. No hizo nada. Y se murió. El mono que estaba al lado de él se dio cuenta de eso y no imitó su comportamiento. Empezó a comer y descubrió que no le pasaba lo mismo que a su compañero.
Así, estudios serios demuestran que el mono comenzó a cultivar plantas, y el mono se volvió hombre. Existe evidencia de que pequeños grupos de estos hombres prehistóricos también cazaban y comían carne y animales muertos, pero eran grupos menores, y el hombre no comenzó a masificar su presencia en el planeta hasta que los cultivos se hicieron una práctica común.

Hasta un día, en el cual alguien decidió aprovecharse de todo eso. Porque eso es la historia de la humanidad. Gente aprovechándose de otra gente.
Cultivar daba mucho trabajo. Una familia nuclear tenía que estar todo el día pendiente de sus cosechas, y es sabido que el verdadero propósito del ser humano es vivir para la búsqueda del placer. No era una situación conveniente. Así, un hombre que tenía cosechas de sobra le vendió sus vegetales a un hombre que no tenía tantos.
Y así comenzó el plan más grande para esclavizar a toda la humanidad. A través de la comida.

De a poco, a los hombres les gustó menos pasar cosechando y les pareció mejor comprar la comida a los que se la vendían. Para trabajar menos, para reducir esos tiempos que pasaban cuidando de sus cosechas, dejaron de cosechar y depositaron la compra de alimentos en estos vendedores. De esa forma, dejaron de controlar lo que comían y comenzaron a ser esclavos de aquellos que les proveían esa comida, bajo su control total. Y es un ciclo eterno, ya que los efectos de la comida son efímeros. Hoy uno no tiene hambre, pero mañana si, y deberá comer. Y al día siguiente deberá comer. Y al otro comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Y de esa forma, hay gasto. Y detrás del gasto, hay deuda. Y hay unos pocos dueños del circo que se enriquecen a costa de nuestras necesidades.

Y los que venden la comida no lo hacen por bondad. Lo hace para sacar un provecho. Y siempre responderán, cuando sean cuestionados: “No es nada personal. Son sólo negocios”.

Capítulo 2: La codicia es buena

El negocio de los vendedores de comida, inicialmente unos pequeños seres humanos sin escrúpulos, ahora magnates de la industria alimenticia, es entonces vender más y más comida para aumentar sus márgenes. Su motivación no es alimentar a la gente, sino llenar sus billeteras. Solo la codicia los motiva. Y la codicia los ha llevado a realizar actos que ahora aceptamos como normales, pero son verdaderas atrocidades.
Comenzó cuando se dieron cuenta que las cosechas eran problemáticas. No son confiables ya que dependen demasiado del clima. Los prehistóricos magnates del alimento buscaron entonces la forma de disminuir estos riesgos y encontraron una forma perfecta, solo con mirar por la ventana a los mamuts correr por la pradera: carne. Después de todo, pequeños grupos de hombres arriesgados cazaban y consumían carne con mucho valor y arrojo. Los magnates usaron el poder económico que ya tenían para contratar cuadrillas de cazadores y masificaron la matanza cruel e indiscriminada de animales. Los beneficios eran muchos: los cazadores cobraban poco y los animales sobraban.
¿Qué les hizo pensar a estos hombres que la carne para el consumo humano era buena? Nada. Ni un solo estudio científico, ni una prueba real. Simplemente lo hicieron motivados por un deseo de adquirir más capital, sin ningún tipo de preocupación por la sociedad.

Analicemos científicamente el objeto cuestionado en sí: la carne. Dejemos un pedazo de carne a la intemperie, solo. A medida que pasan los días verán como comienza a decaer y a pudrirse. A emitir olor y a llenarse de gusanos, hasta que se convierte en una masa abyecta, útil solo para arrojarse a la basura. Cocinar la carne no detiene el proceso. ¿Qué piensan que sucede cuando esa carne llega dentro de nosotros? ¿Les parece que no sufre exactamente el mismo proceso, y que hace que su estomago también se llene de gusanos? ¿Les parece que algo que sufre ese tipo de decaimiento siquiera pueda ser considerado saludable?
Está científicamente comprobado. Los animales que consumen exclusivamente carne viven menos que el ser humano. Todo por el consumo de carne. Pero hay implicancias aun mucho más escalofriantes.

Las empresas que venden carne no discriminan el sexo del animal que le sirven a cada uno. Nos alimentamos de vacas macho y hembra por igual. Cada vez que se ingiere un alimento de una vaca hembra, estamos ingiriendo hormonas femeninas. Hormonas femeninas que, con acumulación progresiva, digamos, de más de diez años, pueden cambiar radicalmente el comportamiento de un hombre y provocarle desviaciones. Tal vez hasta volverlo homosexual. Y aquí está el hecho más significativo que busco exponer: no hay registros de hombres homosexuales desde antes que el ser humano consumiera carne. De hecho, podemos asegurar que la homosexualidad comenzó a existir en el género humano aproximadamente al mismo tiempo que el humano comenzó a consumir carne. La evidencia es innegable.

Consumimos carne que altera nuestro comportamiento. ¿Todo para qué? Para llenar las billeteras de unos pocos titiriteros. Titiriteros que comenzaron así, pero ahora buscan expandir sus ambiciones haciéndonos comer pollos transgénicos, cerdos fusionados con medusas, lionesa, almuerzos de fideos instantáneos, corned beef y buscan que cada vez paguemos más por menúes de comida rápida más grandes.

Esa codicia puede rastrearse a un punto específico en la historia. Nuevos autores que nos ofrecen sorprendentes investigaciones han revelado que nuestra devoción y apego a la carne no es casual. Se inició en un momento clave donde una de las instituciones más grandes que conocemos hoy día tendió sus tentáculos sobre nosotros y inició su campaña para quitarnos nuestro dinero a cambio de mal alimento:

La Última Cena.
Si observan bien el cuadro de Leonardo, verán como a la izquierda de Cristo están los restos de un pollo asado. El primer pollo manufacturado. Y eso no es más que el aval completo de la institución que asegura la vida eterna a estas corporaciones. Si usted come nuestra comida, vivirá. Si rechaza la carne, irá al infierno.

Capítulo 3: El final del principio

La historia de esclavitud no ha terminado. Pero puede comenzar a terminar. Como dijo Winston Churchill, “esto no es el principio del final, si no que más bien es el final del principio”. Las compañías de alimentos con el apoyo de la religión internacional buscan ir más lejos. Semillas transgénicas, maíz programado por computadora, soja terminator, y chips de trazabilidad injertados en los animales que cuando son devorados por el hombre, le dan un registro completo de todas las actividades y alimentos ingeridos por esta persona al dueño del chip. Todo para sumirnos en el más completo Verwirrung y cimentar su domino a lo largo del siglo 21.

Pero no estamos solos en esta lucha. Hemos sido testigos de la conspiración más grande en toda la historia de la humanidad y no nos quedaremos con los brazos cruzados. Muéstrale este ensayo a un amigo, o a tu congresista. Protege a los animales. Dona a la Teletón. Adopta a una ballena, o aún mejor, a Natalie Kriz. Rechaza a los animales y abraza el consumo de otras sustancias, como granito.

Romperemos las cadenas que nos esclavizan. El futuro es hoy. La revolución ha comenzado.

Despierta.

1 bomba(s) no tirada(s):

Jotalópolo dijo...

Es como zeitgeist pero de los alimentos! Freedom!!

 
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